LA LLUVIA Y EL VIENTO
Ha de volver el viento que movía los brazos
de aquel desaforado gigante quijotesco,
en busca de las aspas que hirieron a facazos
al noble caballero tan audaz cual grotesco.
Regresará mañana armado con su lanza
para emprender de nuevo aquella vieja brega,
pero ni Don Quijote, ni el mismo Sancho Panza
cabalgarán unidos por la tierra manchega.
Ha de volver la lluvia para anegarlo todo
aunque no amainará la terrible sequía;
convertirá la arcilla impermeable en lodo
hasta encontrar la causa de la atroz herejía.
Regresará mañana guiada por Yahvé,
en forma de diluvio mostrará su potencia,
mas, no ha de hallar el arca que construyó Noé
porque también el tiempo dicta grave sentencia.
Ha de volver tu ira para hablarme de afecto
después de haber logrado cauterizar mi herida.
Un ideal de amor puede volverse abyecto
por más que en el pasado fuese voz de la vida.
Llamando con cautela regresarás mañana,
yo, sin duda diré: Es la lluvia y el viento.
Cerraré los cristales de mi opaca ventana
y seguiré escribiendo en mi íntimo aposento.
LECCIONES A MARGARITA DEBAYLE
Margarita recuerda a Darío;
consciente
que es su gozo un ensueño vacío;
presiente
que ha vivido en un cuento sombrío
y algente.
Margarita corrige el hastío.
Detente.
No pretendas lo imposible;
deja en paz aquel lucero.
Que tu espíritu sensible
siga dúctil y sincero;
que en tu infancia circunscrita
no se esconda ruin tabú;
educada y erudita
mi bendita
Margarita
no hay ninguna como tú.
Y del árbol de la vida
coge lo que esté a tu alcance
que la usura desmedida
puede ser un agrio trance.
Sigue recto sin demora,
no persigas espejismos;
desconfía del que adora
convencerte con altruismos.
¡No me mires de esa forma!
Tú esperabas otro cuento.
Mas... pretendo con mi norma
ilustrar tu fundamento.
Ten en cuenta mis consejos,
no les hagas caso omiso.
Aunque yo me vaya lejos,
desde el orco o paraíso
seguiré cual magnetita;
como el férreo bambú,
a tu lado señorita,
en negrita
Margarita
no hay ninguna como tú.
Margarita recuerda a Darío
consciente
que es su gozo un ensueño vacío,
hiriente.
No ejercites tu libre albedrío.
Sé discreta, aplicada y decente,
por la senda que yo te confío
¡De frente!
NO VALE LA PENA
Guardé mi libro lleno de problemas,
las mates nunca se me dieron bien;
me colman la molondra de dilemas
y alcanzo los confines del desdén.
No se esfuerce, no tengo solución,
mi colosal incógnita me veja,
ya que mis días son la división
del total de una resta muy compleja.
No me humillo por senos ni cosenos,
áreas que no supe calcular;
ni cuando confundí el signo menos
y sin duda lo usé para sumar.
Al contrario que usted, mi profesor;
que conoce la pura matemática;
consigue despejar cualquier error
con suma perspicacia telepática.
Mas... deténgase, déjeme que acabe;
no sabré resolver una ecuación
pero mido un factor que usted no sabe:
¡Cuánto dolor alberga un corazón!
POEMA A FEDERICO
Acordes de guitarra resuenan en la Vega,
junto a la noche inerme duerme cada fusil;
de entre un huerto de lirios la lívida labriega
tararea el Romance a la Guardia Civil.
Calla el inquieto viento para oír el Romance,
el sol, disimulado, se oculta atrás del pico
y el destino consigue que lo oscuro me alcance
para sentirte aquí, conmigo, Federico.
Y recordar tus ojos desollados de espanto,
tu sonrisa manchada de fatalismo puro;
ocultos en tu gracia, en tu divino encanto,
dentro resta el terror, ilegible, inseguro.
Pensar que estás durmiendo, un rato, todo el siglo;
esa mujer del sueño no pudo ser tu madre,
y sin embargo lucha en contra del vestiglo
para que en tu mejilla la grieta no taladre.
Te siento como brisa, partícula del viento,
ondeas por la plaza llamada "Del Campillo".
Te inquieta mi llegada y exhalas un lamento
que llega al firmamento en forma de estribillo.
que llega al firmamento en forma de estribillo.
Te veré en el famoso "Café de la Alameda".
Llevaré el Romancero guardado en el bolsillo,
Llevaré el Romancero guardado en el bolsillo,
pues ese verde nuestro quiero que me conceda:
Recitarte en tertulia; en la del Rinconcillo.
Recitarte en tertulia; en la del Rinconcillo.
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